Luego de la revisión de los foros de la semana 1 y de la realización del andamio cognitivo “lo que compartimos” llegan a mí algunas inquietudes.
En relación al malestar docente creo que en mí caso inicia como malestar del estudiante, cuando me veía mi misma impotente ante determinadas situaciones. Recuerdo en mis años de estudiante maestros sin vocación, muy poco comprometidos con su practica docente y menos aun con la sociedad y su patria, como estudiante gracias a otros maestros en toda la extensión de la palabra llegaba a hacer comparaciones y a citar las carencias o deficiencias de aquellos pseudorpofesores que tal vez por su plaza de trabajo se atreven a no educar.
Desgraciadamente en nuestro país las peticiones de los estudiantes no son escuchadas por quien puede tomar cartas en el asunto, todo se queda a nivel personal o institucional y no se le da el seguimiento y la importancia que se merecen.
Pensando en mi historia personal llegué a la docencia carente de todas las bases pedagógicas, pero con una convicción muy firme, no convertirme en pseudo profesora, no ser señalada por los estudiantes, no por el hecho social, sino por el deber moral que implica educar.
Claramente se abre el panorama al darle lectura a la aventura de ser maestro de Jose M. Esteve, donde se exponen los retos a los que se enfrenta el maestro como son:
1.- Elaborar la propia identidad profesional, es necesario la autocrítica para encontrar nuestro propio estilo docente e ir puliéndola día a día, cabe señalar que al inicio de mi vida como docente seguí los arquetipos de aquellos maestros que dejaron huella en mí.
2.- Dominar las técnicas básicas de la comunicación, usando las formas adecuadas de expresión y dominando los canales y códigos de comunicación.
3.- Buen manejo de grupo, no siendo el maestro lancasteriano “las letras con sangre entran”, sino ganándose el respeto y autoridad por sus acciones y ejemplo, recordemos que la palabra educa, pero el ejemplo arrastra.
4.- Contextualizar los contenidos de enseñanza.
Por supuesto que me enfrente a tales retos y lo sigo haciendo creo que de los errores u omisiones también se aprende y de manera significativa, y como dice mi abuela nadie experimenta en cabeza ajena, los inteligentes aprenden de sus errores, pero, los mas inteligentes aprenden de los errores de los demás.
Estoy segura que la motivación es pieza clave para el éxito de nuestro quehacer docente, recordando la lectura “No tiene sentido dar respuesta a quienes no se han planteado la pregunta”. Preocupémonos de cómo docentes plantearnos las preguntas día tras día, y ocupémonos de responderlas.
En relación al malestar docente creo que en mí caso inicia como malestar del estudiante, cuando me veía mi misma impotente ante determinadas situaciones. Recuerdo en mis años de estudiante maestros sin vocación, muy poco comprometidos con su practica docente y menos aun con la sociedad y su patria, como estudiante gracias a otros maestros en toda la extensión de la palabra llegaba a hacer comparaciones y a citar las carencias o deficiencias de aquellos pseudorpofesores que tal vez por su plaza de trabajo se atreven a no educar.
Desgraciadamente en nuestro país las peticiones de los estudiantes no son escuchadas por quien puede tomar cartas en el asunto, todo se queda a nivel personal o institucional y no se le da el seguimiento y la importancia que se merecen.
Pensando en mi historia personal llegué a la docencia carente de todas las bases pedagógicas, pero con una convicción muy firme, no convertirme en pseudo profesora, no ser señalada por los estudiantes, no por el hecho social, sino por el deber moral que implica educar.
Claramente se abre el panorama al darle lectura a la aventura de ser maestro de Jose M. Esteve, donde se exponen los retos a los que se enfrenta el maestro como son:
1.- Elaborar la propia identidad profesional, es necesario la autocrítica para encontrar nuestro propio estilo docente e ir puliéndola día a día, cabe señalar que al inicio de mi vida como docente seguí los arquetipos de aquellos maestros que dejaron huella en mí.
2.- Dominar las técnicas básicas de la comunicación, usando las formas adecuadas de expresión y dominando los canales y códigos de comunicación.
3.- Buen manejo de grupo, no siendo el maestro lancasteriano “las letras con sangre entran”, sino ganándose el respeto y autoridad por sus acciones y ejemplo, recordemos que la palabra educa, pero el ejemplo arrastra.
4.- Contextualizar los contenidos de enseñanza.
Por supuesto que me enfrente a tales retos y lo sigo haciendo creo que de los errores u omisiones también se aprende y de manera significativa, y como dice mi abuela nadie experimenta en cabeza ajena, los inteligentes aprenden de sus errores, pero, los mas inteligentes aprenden de los errores de los demás.
Estoy segura que la motivación es pieza clave para el éxito de nuestro quehacer docente, recordando la lectura “No tiene sentido dar respuesta a quienes no se han planteado la pregunta”. Preocupémonos de cómo docentes plantearnos las preguntas día tras día, y ocupémonos de responderlas.

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